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  • Foto del escritorAlejandro Rivera de Larrechea

Alcohol-Efectos-Alcoholismo-


La existencia del Alcohol en nuestra vida es un hecho cultural y social que esta presente desde los inicios de la civilización, incluso algunos afirman que cuando el hombre era nómada y poco se parecía a nosotros ya consumió algún brebaje fermentado. En la literatura clásica y en la mitología (los egipcios a Osiris, los griegos a Dionisio y los romanos a Baco) la presencia del alcohol es constante así como la descripción, de ciertos personajes con problemas para consumir de forma controlada. Las sociedades antiguas estaban al corriente de los problemas del alcoholismo y en la antigua Grecia los grandes médicos como Galeno, Plinio y Séneca, describian el problema y recomendaban diferentes tipos de tratamientos.

Si consideramos el alcoholismo una enfermedad, seguramente estemos ante una de las enfermedades crónicas más longevas y dañinas en la historia de la humanidad.


Una investigación reveladora:


En el año 2018, la revista especializada The Lancet ( www.thelancet.com ), publica una investigacion internacional realizada en el año 2016 por la Universidad de Washington (https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(18)31310-2/fulltext) que arroja resultados impactantes: ese año murieron 2,8 millones de personas en el mundo por problemas de salud asociados al consumo de alcohol. También describen al alcohol, consumido por más del 30% de la población mundial, como el principal factor de riesgo de muerte prematura y discapacidad en personas entre 15 y 50 años.

El país donde una mayor proporción de la población consume alcohol es Dinamarca, donde lo hacen un 97% de los hombres y un 95% de las mujeres. En el otro extremo se sitúan países como Pakistán o Bangladesh, donde bebe menos de un 1% de la población. En cuanto a la cantidad consumida, los países de Europa del Este se sitúan a la cabeza: Rumanía en el caso de los varones (que consumen más de ocho dosis de alcohol al día) y Ucrania en el caso de las mujeres (con más de cuatro bebidas al día).


En España, en 2016 bebían alcohol el 78% de los hombres y el 55% de las mujeres, según recoge el estudio. De media, los hombres bebieron casi seis dosis de alcohol cada día, mientras que las mujeres consumieron unas tres bebidas al día. El alcohol estuvo detrás del 10% de las muertes de hombres en España –lo que se traduce en un total de 25.000– y del 4% en el caso de las mujeres –lo que suma 12.000 fallecimientos–.


Creo que esta investigación fue importante al brindar datos concretos y globales sobre la problemática del alcohol. A los que sufren esta enfermedad o a los profesionales que trabajamos en su tratamiento no nos sorprenden los datos, pero sí ha ayudado amplificando nuestra preocupación y reclamo por políticas activas de parte de los gobiernos para elaborar estrategias preventivas, de tratamiento y regulación publicitaria que permiten abordar un problema multifactorial. Pensad que los datos macros de la publicación de The Lancet, tuvo repercusión mundial en los medios masivos de comunicación. Por otro lado, también brinda datos para reflexionar acerca de lo difícil que es tener un problema de alcoholismo, o de adicción a cualquier sustancia, cuando estamos inmerso en una sociedad en donde el consumo de alcohol está enormemente naturalizado y fomentado a través de una publicidad constante que mitifica al alcohol relacionándolo con el éxito, la sexualidad y la felicidad.


Está claro que necesitaremos varios Post sobre el tema del Alcohol, ya que se puede abordar desde distintas visiones y hay mucha información relevante al respecto. Empecemos por describir la diferencias entre Bebidas Fermentadas o Destiladas, características de los consumidores y su efecto en el agravamiento de los daños y los efectos a corto y largo plazo de la ingesta de alcohol.


Tipos de Alcohol- Fermentados y Destilados.


Existen dos tipos de bebidas alcohólicas: las fermentadas y las destiladas.

Las bebidas fermentadas son las procedentes de frutas o de cereales que, por acción de ciertas sustancias microscópicas (levaduras), el azúcar que contienen se convierte en alcohol.

Las bebidas fermentadas más comunes son el vino, la cerveza y la sidra.

  • El vino es el producto resultante de la fermentación de las uvas frescas o del mosto. Su contenido alcohólico suele oscilar entre los 10 y los 13 grados.

  • La cerveza se obtiene a partir de la malta cervecera, procedente de la transformación de la cebada y otros cereales. Para conseguir el sabor amargo se le añade lúpulo. Su contenido de alcohol suele oscilar entre los 4-6 grados.

  • La sidra, procede de las manzanas trituradas y fermentadas. Su contenido en alcohol suele alcanzar los 5 grados.

Las bebidas destiladas se consiguen eliminando mediante calor, a través de la destilación, una parte del agua contenida en las bebidas fermentadas.

El principio básico de esta acción reside en que el alcohol se evapora a 78 grados y el agua a 100 grados, por consiguiente tienen más alcohol que las bebidas fermentadas, alcanzando los 30-50 grados.

Entre las bebidas destiladas más conocidas se encuentran:

  • El coñac o brandy, que deriva de destilados del vino criados en vasijas de roble.

  • La ginebra, que resulta de la destilación de macerados de bayas de enebro y otros cereales.

  • El whisky, que se origina de mezcla de cereales (cebada, maíz, centeno).

  • El ron, que se obtiene de la destilación de la melaza fermentada de la caña de azúcar.

  • El vodka, bebida destilada que se produce generalmente a través de la fermentación de granos y otras plantas ricas en almidón, como el centeno, trigo, o patata.

A largo plazo el consumo favorece la aparición de trastornos como la depresión; psicosis; alteraciones del sueño como el insomnio; sus efectos en el sistema neurológico pueden ser permanentes, apareciendo demencias y trastornos de la memoria; el aumento de la agresividad es otra de las consecuencias con todas las implicaciones que ello puede tener; síndrome Wernicke-Korsakoff o demencia alcohólica. Evidentemente, las bebidas destiladas presentan un mayores prejuicios que las fermentadas. Pero no solo la bebida es una variable a tener en cuenta existen circunstancias o características del consumidor que pueden acelerar o agravar los daños asociados a su consumo:


La edad: los jóvenes son más sensibles al impacto que tiene el alcohol en actividades relacionadas con las funciones de planificación, memoria y aprendizaje, y son más «resistentes» que los adultos a los efectos sedantes y a la descoordinación motora.


El peso: el alcohol afecta de modo más grave a las personas con menor masa corporal. En general, la mujer pesa menos y el tamaño de sus órganos internos es proporcionalmente más pequeño. Por lo tanto, menores cantidades de alcohol pueden generar más rápidamente daños psico-orgánicos y desarrollar problemas con el alcohol más fácilmente que en el varón.


El sexo: las mujeres metabolizan el alcohol de manera diferente a los hombres, por lo que ante un hombre y una mujer del mismo peso, ella experimentará los efectos del alcohol de manera más rápida. Lógicamente, el hecho de que las mujeres sean más vulnerables a las consecuencias negativas de los abusos con el alcohol, y que puedan padecer problemas de consumo más rápido que los hombres, no significa que los hombres no experimentan este tipo de efectos.


La cantidad y rapidez de la ingesta: una mayor ingesta de alcohol en menor tiempo provocará una mayor posibilidad de intoxicación y aparece mayor o menor riesgo de sufrir problemas de acuerdo a la cantidad de alcohol consumida.


La combinación con bebidas carbónicas (tónica, colas, etc.) acelera la intoxicación.


La combinación con otras sustancias, como los tranquilizantes, relajantes musculares y analgésicos, potencia los efectos sedantes del alcohol. Cuando se combina con cannabis se incrementan los efectos sedantes de ambas sustancias; en el caso de la cocaína, que es un estimulante, los efectos se contrarrestan, pero la toxicidad de ambas sustancias es mayor que si se consumieran por separado.


La ingestión simultánea de comida, especialmente de alimentos grasos, enlentece la intoxicación pero no evita ni reduce los daños al organismo.


Los efectos del alcohol a corto plazo


Una vez ingerido en el organismo, el alcohol produce dos acciones contrapuesta, un efecto desinhibidor y un efecto depresor. El primero bloquea partes del cerebro encargadas del pensamiento, la capacidad de reflexionar, la conciencia moral, los valores éticos; y sobreestimula impulsos y emociones. Esto nos permite comprender que una persona alcoholizada pueda mostrarse diferente respecto a cuando está sobria e incluso incurrir en delitos sin posibilidad de control, lo cual, sin consumo, no llevaría a cabo.

El efecto depresor inhibe el sistema nervioso central provocando una disminución en sus funciones: menor atención, menor coordinación psicomotriz, somnolencia, sensación de agotamiento, entre otros, llegando en casos extremos al paro respiratorio y muerte. Esto explica que aunque muchas veces se consuma alcohol por el hecho de esperar que nos vuelva más sociables, pasada la primera oleada de efectos, produce una tendencia al aislamiento, al favorecer la aparición de un estado de ánimo bajo o directamente agresivo.



ALCOHOLISMO


El Alcoholismo es un problema de salud producido por el consumo compulsivo de alcohol, el cual es capaz de generar dependencia física y psicológica.

Se trata de una ingesta desmedida, problemática, difícil de controlar por la propia voluntad. A su vez, esta conducta está causada por múltiples y variados factores: predisposición física, vulnerabilidades psicológicas y factores sociales que faciliten el consumo.

Pero uno de los aspectos más llamativos del alcoholismo es que muchas veces, en sus fases tempranas, está socialmente aceptado. Esto muestra otra de las dimensiones más importantes del problema del alcoholismo: su faceta psicológica y social.

Se suele naturalizar y aceptar socialmente el consumo de alcohol en exceso y en el imaginario social se considera alcohólico a quien se lo ve alcoholizado durante el día, en situación de calle, iniciando su consumo en las mañanas o bebiendo todos los días de la semana. De esta manera quedan invisibilizadas otras formas de alcoholismo. Éste no está determinado por la cantidad de alcohol que una persona consume por día sino por cómo esa persona se relaciona con el alcohol: con dependencia, necesidad, compulsión y dificultades para estar sin consumir.

Es decir, una persona es alcohólica por cómo bebe independientemente de que lo haga todos los días, un día a la semana o más esporádicamente. Sin embargo, no es alcohólica cualquier persona que consuma alcohol, ya que puede haber consumo sin establecer un vínculo de dependencia y adicción con él.


El Concepto de Tolerancia


¿Por qué van aumentando las cantidades consumidas de bebidas alcohólicas? Porque el cuerpo genera tolerancia a la sustancia, es como si se acostumbrara y, al no producir el efecto esperado, entonces se hace necesario tomar más cantidades de alcohol o bebidas alcohólicas más fuertes para lograr los efectos que se buscan.


¿Por qué la persona alcohólica no puede parar de beber?


Otra concepción a desnaturalizar refiere a las razones de la dificultad, en unos casos, y a la imposibilidad, en otros, de parar de beber. No es por gusto, capricho ni por vicio, es por la fuerte compulsión a tomar que siente la persona alcohólica, que llega a tornarse irrefrenable y que escapa a su control voluntario, porque se encuentra en una situación de dependencia física y psicológica.

El cuerpo pide el alcohol y la cabeza lo necesita para seguir. Además sin consumo se desarrollan los síntomas de la abstinencia, la cual se presenta con sensaciones desagradables, manifestaciones físicas, ansiedad, irritabilidad, angustia y fuertes ganas (necesidad) de consumir. En definitiva, una persona con un problema de alcoholismo no es un vicioso o bebe porque le gusta. Tiene una enfermedad muy grave que termina destrozando su vida, empezando por sus relaciones, su autoestima y su salud.


Efectos Fiscos y Sociales del Alcoholismo


A largo plazo el consumo favorece la aparición de trastornos como la depresión; psicosis; alteraciones del sueño como el insomnio; sus efectos en el sistema neurológico pueden ser permanentes, apareciendo demencias y trastornos de la memoria; el aumento de la agresividad es otra de las consecuencias con todas las implicaciones que ello puede tener; síndrome Wernicke-Korsakoff o demencia alcohólica.

El consumo de alcohol durante el embarazo puede provocar problemas en el desarrollo del feto, incluso el consumo moderado supone un riesgo o daño para éste.

El alcohol que una mujer embarazada consume llega a la sangre pasando rápidamente a través de la placenta hasta el feto, afectando tanto a los tejidos como los órganos del bebé. En el cuerpo inmaduro de un feto, el alcohol se descompone de una forma mucho más lenta que en el cuerpo de un adulto. Como resultado, el nivel de alcohol en la sangre del bebé puede ser mayor y puede permanecer elevado durante más tiempo afectando gravemente a su desarrollo.


En cuanto a los efectos sociales, el abuso y la dependencia del alcohol generan problemas en las relaciones sociales; conflictos de pareja y familiares, que pueden llevar al aislamiento y a situaciones de desestructuración familiar; problemas laborales o la pérdida de trabajo; problemas económicos; además el consumo está relacionado directamente con los accidentes de tránsito y en gran parte de los accidentes laborales, así como en situaciones de maltrato fisico y psicologico.



Concluyendo, hemos podido realizar una aproximación al impacto global del alcohol a través de sólidos datos aportados por una reciente investigación a nivel mundial, realizamos un acercamiento superficial sobre los distintos tipos de alcohol, analizamos las circunstancias o características del consumidor que pueden acelerar o agravar los daños asociados al consumo y propusimos una definición de alcoholismo que contenga no solo los daños físicos, sino también psicológicos y sociales que provoca esta enfermedad.

En el siguiente Post hablaremos sobre el Delirium Tremens.



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